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El día en que Kiss se detuvo en la mitad del mundo

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El concierto de Kiss ha sido uno de los espectáculos más épicos y mejor elaborados que ha podido presenciar nuestro país, opinión que comparten personas con un largo recorrido en este rubro a través de los años. ¿Por qué? Bueno, existen algunas razones.

Como todos ya lo sabemos, la capital del Ecuador siempre vence por goleada a Guayaquil cuando de conciertos se trata. Lo anteriormente mencionado nos obliga, a los amantes del buen rock y la buena música en general, a viajar dentro del país cuando se presenta una oportunidad de concierto que valga la pena. Francamente, estuve cerca de no poder asistir al concierto de Kiss en Quito, de no haberlo hecho aún cargaría con ese sentimiento de culpa.

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Pocas bandas a nivel mundial pueden jactarse de seguir vigentes en el mundo musical más de dos décadas, y menos pueden hacerlo cuando hablamos de tres o cuatro décadas. Cuando pienso en eso, se me vienen a la mente bandas como Rolling Stones, Iron Maiden, Rush, AC/DC; es curioso que ninguna de las antes mencionadas sea estadounidense. Bueno, todos sabemos que Estados Unidos no ha sido una fuente poderosa del buen rock, cuando Gran Bretaña siempre ha llevado la delantera en dicho rubro. Kiss, conocidos muchas veces como los “Black Sabbath norteamericanos” (calificativo que no comparto en lo absoluto ya que se trata de dos estilos que difieren en muchas cosas), han logrado romper con el paradigma de que Estados Unidos nos regala únicamente música de momentos, dando a luz a un grupo que sigue dando lecciones de profesionalismo y dedicación año a año y que a pesar de cambiar su formación, estilos, e incluso género musical, se ha logrado mantener vigente a través de las últimas décadas. Heavy Metal, Hard Rock, Rock Progresivo, Glam Rock, Grunge, Kiss ha sido todas, y en todas lo ha logrado. Fácil deducir por qué siguen fuertes luego de tanto tiempo.

En cuestiónIMG_2481 de organización Quito ha venido mejorando muchísimo, aunque cada concierto siempre es un caso aislado. Al momento de llegar a la fila del parque Bicentenario, no se veían mayores alborotos. Todos los presentes mantenían el orden, también guiados por una notable cantidad de uniformados. Más allá de los típicos vendedores ambulantes, puestos de comida, y uno que otro intento de colado, puedo decir que la entrada al parque no fue complicada. Los controles luego de pasar la entrada principal se iban intensificando, al punto de repetir la misma revisión de bolsillos y ropa en general más de una vez. Personalmente no me molesta que existan este tipo de controles, porque a fin de cuentas nos asegura un espectáculo sin mayores contratiempos, pero sí pienso que deberían emplear sus esfuerzos en hacer una sola revisión y así agilitar la entrada del público.

Una vez ubicados y esperando solamente que inicie el concierto, no podía faltar la fragancia a monte y el singular distribuidor de patuchas intentando pasar por en medio de la multitud. ¿Una botella con agua? Imposible. Pienso que ese tipo de cosas deberían estar garantizadas por los organizadores, tratándose de un evento masivo es inadmisible que no se pueda encontrar ninguna botella con agua dentro del concierto. En fin, espero que no se hayan presentado desgracias debido a eso.

Ahora, hablando específicamente de su presentación en Quito, puedo decir con total confianza que fue un fiel reflejo de su carrera y de su compromiso con el público en general luego de tantos años de miseria musical que hemos tenido que sobrevivir con lo que hoy en día nos vende la mayoría deIMG_2559 sellos discográficos. No solo fue un espectáculo impecable a nivel musical, sino también fue una lección en cuanto a escenografía y planificación se refiere. Como siempre, Simmons y Stanley se robaron el show completamente. “Demon” (sobrenombre con el cual se lo conoce a Gene Simmons) tuvo su parte en el show cuando se elevó con un arnés a aproximadamente 20 metros sobre el suelo dejando atónitos a poco más de 10000 espectadores. Que hablar de la magnífica volada que se pegó Paul Stanley por encima del público para luego ubicarse en un pequeño escenario en el centro de la zona VIP. Starchild al igual que Demon, se llevó los aplausos del público en general. Es difícil a veces entender como una banda que lleva tanto tiempo en carrera, habiendo vivido tantos conciertos, pueda entregarse a su público con la misma pasión y dedicación como si se tratara de su primer concierto. Kiss nos hizo sentir especiales, y se preocuparon de convertir esa experiencia en inolvidable para todos los que asistimos esa noche.

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