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Entró la nostalgia tenística

Más allá de lo que uno es habitual consumidor de partidos de los circuitos masculino y femenino de tenis, ATP y WTA, antiguamente, la ansiedad por ver estos juegos corría por ver también cual podría ser el destino de los ecuatorianos. Vera muy pequeño a Andrés Gómez, de adolescente a Nicolás Lapentti e incluso alguna vez, Pablo Campana levantó expectativa con una tercera ronda de US Open. Esto lastimosamente ha desaparecido.

Hablando justamente del US Open, me prendí a ver el juego entre Irina Falconí y la veterana pero prestigiosa Venus Williams. Creo que éramos pocos los que ya sabíamos que aunque Falconí juegue para Estados Unidos, es nacida en Portoviejo Ecuador y ya tiene un par de temporadas en el circuito de la WTA. El marcador fue favorable a la favorita Williams por 6-3, 6-7 (7-2) y 6-2.

Del partido podemos hablar que Irina tuvo muchas fallas en sus golpes, a veces en ubicación y en concentración en varios momentos claves, sobretodo en el tercer set donde su rendimiento fue desvaneciendo. Sin embargo, habrá que elogiar que en el segundo set levantó algunos match point, forzando incluso a ese tercer definitivo set. Por momentos, Irina pudo colocar un buen par de raquetazos y aprovechar que la famosa Venus tuvo varios baches en la noche neoyorquina.

La emoción por los momentos buenos de Irina en este juego me dio algo de nostalgia, justamente por esos noventa e inicios de los 2000, cuando había tenistas ecuatorianos en el circuito, ¡qué decir de las Copas Davis! La última alegría que dio la misma se remonta al 2009 cuando Ecuador accedió por última vez a un grupo mundial, del que salió por las mismas en 2010.

Mientras tanto, el presente es desalentador, el año pasado, Emilio Gómez, se quedó en la última ronda de la qualy del US Open, mientras que para este año, un ya veterano Giovanni Lapentti, se quedó en la priemra instancia de la misma qualy. Mientras que volver a soñar con el grupo mundial de la Davis es impensable, apenas si arañamos el grupo I de la zona americana.

Ecuador siempre se esperanzó en los talentos espontáneos, De Gómez, de los Lapentti, de un Pancho Segura que, como Falconí (y guardando los enormes respetos y distancias), hizo su vida en Estados Unidos. Sería bueno aprovechar esos talentos naturales, ¿no? La dirigencia, organización, etc. ha evidenciado su “quedadez” en fomentar un deporte en el que siempre hubo madera en el país. Sí, en círculos sociales medio – altos, ¿y qué?

Tal vez no sea sólo mal del Ecuador, ya en estos años no se ve las armadas argentinas o chilenas que daban que hablar en el tenis mundial y hoy vemos a Latinoamérica siempre despedirse muy temprano de las grandes competencias del circuito profesional. Para sentir emoción, tenemos que embanderarnos con los Federer, los Djokovic, los Nadal. Bueno, tampoco es que este mal, cada uno puede hinchar por quien le dé su gana, pero al menos, a mí como latino, generalmente me gusta hinchar por los míos.

Queda esperar que tal le va en el resto de sus años profesionales a Irina Falconí, así sea “gringa de corazón”. Su sangre manaba al menos, a mi me hará alentarla.

Edison Guapaz Zambrano
Guitarras y gol
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Desahógate

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