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Sabrina, La Bruja Rebelde

En estos tiempos en los que los remakes están a la orden del día, emergió una nueva producción que se transmite por la plataforma Netflix. “The Chilling Adventures of Sabrina” o “El Mundo Oculto de Sabrina” en Español tiene un espíritu muy diferente a “La Bruja Adolescente” del Siglo XX.

Justamente existe una gran diferencia entre “The Teenage Witch” (la bruja adolescente) y “The Chilling Adventures”, ambas originalmente publicadas como una serie de tiras cómicas de Archie Cómics, siendo esta última de una temática bastante más oscura y a eso se refirió la serie que se estrenó el 2018.

Empezamos con absoluta sumisión y alabanzas a Satanás, lo que en la centuria pasada hubiera generado terrible escándalo. La diferencia primordial entre “La Bruja Adolescente” y “El Mundo Oculto” es que mientras en el primero el personaje de Sabrina Spellman encarnado por la entrañable Melissa Joan Hart se ocupaba de lidiar con problemas terrenales algo ayudada con sus poderes sobrenaturales, en la actual es una Sabrina que más bien se ocupa mucho de su ser paranormal y la lucha más bien es la de ser valorada pese a su origen 50 por ciento mortal.

“El mundo oculto” se ocupa mucho de temáticas contemporáneas: empoderamiento y feminismo, combate a la xenofobia, al bullying, abierto abordaje a la homosexualidad y a la diversidad. La Sabrina interpretada por la joven actriz Kiernan Shipka ahora es un chica rebelde, contestataria, que no cumple con cánones y ritos, tantos mortales como ocultos, sin antes reflexionar en sus significados y consecuencias. Una Sabrina que frunce el ceño mucho más de lo que lo hizo la noventera.

En la Academia de Artes Ocultas Sabrina es recibida con hostilidad por muchos debido a su origen mitad mortal, pasando por durísimas pruebas sobre las cuales sobrevive mostrando carácter y una digamos “estirpe” heredada de su padre, quien había sido un eminente y respetado brujo, sorprendiendo y ganando progresivamente el respeto de sus “bullies”. Mientras que en su escuela “normal”, sus amigos no son precisamente la gente “popular”.

En esta nueva Sabrina el romance tiene varios frentes. Sabemos desde siempre que su amor es Harvey Kinkle, pero esta vez este personaje se construye a partir de una tradición familiar de cazadores de brujas, lo que convierte a esta relación en una fantasmagórica versión de Montescos y Capuletos. Está lo que fueron sus padres, una unión entre brujos y mortales idealizada por su pronta partida (en esta versión de Sabrina, ambos han fallecido en un accidente), la relación de pareja y poder de Miss Satan con el mismísimo señor de la oscuridad, las tías de Sabrina y sus desventuras que las hacen las solteras dedicadas a cuidar de su sobrina, amorosas aunque de una moral bastante más retorcida. La “cuota gay” con el primo Ambrose y su confinamiento en el hogar de las Spellman que no deja de tener un contexto simbólico, incluso no huele a coincidencia que sea afro descendiente el actor que lo encarna.

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Sabrina lidia con su poder como una mujer en camino a serla, como heredera de una tradición dentro del mundo de los brujos. Es una rebelde que se rehúsa a cumplir ciegamente con los requerimientos de ambos mundos y se forja los suyos propios. Bien podría ser un personaje femenino de inspiración sin necesidad de llegar a la grosería o intercambio de roles de dominación. Además, para quienes gustan del mundo de lo oculto, el contenido de hechizos, demonología y demás es simplemente fascinante. Es un buen tratado sobre la oscuridad que bien puede llegar a ser luz.

Edison Guapaz Zambrano
Guitarras y gol
casa de las flores

El Gran Hit de la Polémica que Llegó de México

Te la había recomendado algún amigo o pariente, te engancha y horroriza … Y cuando parece que lo habías visto todo, ves (alerta de spoiler) a Verónica Castro fumarse un hit de marihuana. La impresión es similar a si vieras hacer eso a tu mamá o la más devota de tus tías. La Casa de las Flores llegó para dar la poderosa patada final a los convencionalismos en televisión.

Obviamente, la trama y los temas que ofrece esta serie son claramente para plataformas digitales como Netflix, donde se ha emitido su primera temporada y más que eso, lo impactantes que pueden ser muchas de las escenas para prácticamente cualquier público, por más culto, cinéfilo o “seriéfilo” o por más mente abierta que pueda ser. No porque no sean cosas que en la realidad no pasan, en realidad pasan y mucho, pero en la producción mediática no es precisamente costumbre observarlos.

Desde el inicio de “La Casa de las Flores” en su primer capítulo, la serie ataca con sus mejores armas, como aquel equipo de fútbol al que le urge ganar con un resultado contundente y deja boquiabiertos a todos con explícitas escenas de muerte y sexo homo y heterosexual. Un mazazo que inevitablemente engancha al espectador. Toda esta aparente violencia es trabajada impecablemente, pues está lejos de emitirse como un festival de sangre o publicación digna de tabloides.

La temática de “La Casa de las Flores” se desarrolla alrededor del poder y las apariencias. Virginia de la Mora es el personaje principal de la serie. Una poderosa dama de alta sociedad mexicana quien es cabeza principal de un próspero negocio y la verdadera cabeza visible de una prestigiosa familia cuyo vínculo social con la élite depende del éxito de la reputada florería y de la construcción de una imagen escrupulosamente pulida por Virginia. El desarrollo de la temporada transcurre entre dos grandes eventos que la familia de la Mora ofrece y entre los sucesos del primero y la preparación de los segundos, el mantener esa imagen impecable parece costarle la cordura a Virginia.

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El lodo que Virginia tiene que limpiar viene de muchas partes. Empezando por temas que en las altas sociedades de Latinoamérica son muy mal vistas como: la infidelidad, el homosexualismo o transexualismo y centrándose en problemas en serio como los legales y económicos. Todos ellos disimulados con una sincronía casi artística, lo que lógicamente a la familia entera la va progresivamente consumiendo.

 El tratamiento narrativo es interesantísimo, pues quien cuenta la historia es un narrador omnisciente que tal vez adquiere dicha condición por lo que le sucede en el primer capítulo y es quien presenta los dilemas morales que pasa sobretodo a Virginia, a quien la ata un vínculo amargo pero más común de lo pensado en nuestra sociedad. El ritmo de esta serie es incesante, las tomas y edición son vertiginosas y con ello es imposible perder el interés. Es muy interesante también la banda sonora, pues tratando de dar un ambiente kitsch en una de las locaciones, se toman varias canciones que a principios de los 90 fueron un éxito y son mayormente interpretadas por los actores. Ver a Virginia (interpretada por Verónica Castro) cantar un tema de Cristian Castro es una delicia.

Hay que decir que una de las virtudes de la Serie y por lo que podría ser memorable son las actuaciones. Una que se queda en la mente de cualquiera es la de Cecilia Suárez como Paulina de la Mora, hija mayor de Virginia, quien busca siempre tomar las riendas de la familia y los negocios, mostrándose como una mujer fuerte a pesar de su en teoría “revés sentimental” parece haberla marcado seriamente. El trabajo de Suárez con el peculiar hablado de Paulina es fenomenal y casi que icónico, así como su esposo. La personificación de José María y/o María José es muy pulcra y también deberían llevarse el mérito los encargados del maquillaje, pues la apariencia de “María José” es simplemente regia.

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Hay personajes que inducen al debate moral como el padre de familia Ernesto de la Mora o Carmelita, la amiga de la familia. Darío Yazbek como Julián, el hijo varón, y su papel de “jugar a dos bandas” y salvar las apariencias con su orientación sexual y compromisos. Él junto  a su hermana Elena (Aislinn Derbez) encarnan la angustia de volverse adultos y sufren de permanentes decisiones erradas. La inocencia se encarna con Bruno, único nieto de la familia y Micaela, hija de Ernesto, quienes tienen una simpática amistad a pesar de que sus orígenes los podrían poner distantes desde un punto de vista adulto.

Con una producción que luce muy bien cuidada desde los créditos de inicio, “La Casa de las Flores” destaca por su dinamismo, su ataque frontal a temas polémicos y por actuaciones espectaculares. De lo mejor que se ha visto en México y Latinoamérica vía plataformas digitales.

Edison Guapaz Zambrano
Guitarras y gol
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Tensión Adolescente y Retro en Gran Fórmula

Continuando con la moda de las series con enfoque retro “Everything Sucks” estuvo disponible para la plataforma Netflix desde 2018, esta vez con evocación a la década de los 90.

 Quien arrancó a ver la serie y creció siendo aun el siglo pasado, pudo haber tenido en un principio la sensación de ver una vieja serie de Nickelodeon por el enorme esfuerzo de hacer parecer que en verdad los hechos ocurren u ocurrieron en dichos tiempos: colores, textura de la imagen, obviamente la ropa y peinados de los chicos y más detalles. Claro, mientras el primer episodio transcurre se advierte que va a estar bastante lejos de la tónica edulcorada de aquella televisión noventera para adolescentes.

 “Everything Sucks” abarca temas que difícilmente se hubieran visto en televisión supuestamente dirigida para niños y adolescentes hace 20 años: desde la orientación sexual de uno de los personajes, situación que define muchos de las tensiones dramáticas de la serie que gira en torno al intento de desarrollar una producción audiovisual en una secundaria de los Estados Unidos. Otros temas que eran muy vigentes en los años 90 son abarcados como las familias disfuncionales o el uso de drogas en adolescentes y adultos.

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 Para desarrollar la historia se escogió a una pueblo llamado “Boring” en el Estado de Oregon, el cual realmente existe. Es simpático como se optó por esta población tomando en cuenta su nombre (aburrido) en inglés y la relación con el tedio adolescente en los sitios pequeños de Norteamérica. Del mismo modo se puede advertir la intención de ubicar la historia en el noroeste estadounidense, con lo relevancia que tuvo esta zona geográfica en la cultura popular de los 90.

Si hablamos de la cultura popular de los 90, estos saltan evidentemente a lo largo de la serie: algún poster de Jonathan Taylor Thomas, el cabello decolorado en alusión a Dennis Rodman, banda sonora con artistas diversos de los tiempos como: Oasis, Ini Kamoze, Ace of Base, Tori Amos o The Cardigans. La alusión tecnológica es fundamental, pues la serie gira entorno al VHS, además hacen su aparición los cassettes, discos compactos y el famoso tono de módem de conexión telefónica a Internet. Todo diseñado para tocar el sentimiento nostálgico.

Everything Sucks ilustra la angustia adolescente inherente a cualquier generación y que de acuerdo a los tiempos se expresa en ese tira y afloja social que se ha ido moldeando de acuerdo a la tecnología disponible, también un poco de angustia adulta reflejado en los personajes maduros de la serie a los cuales ninguno se les podría atribuir una madurez sanamente desarrollada, pues incluso el director del colegio tiene temas juveniles no resueltos, lo que eso sí logra que el mensaje de la serie permanezca siempre fresco, siempre joven.

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Se puede rastrear en “Everything Sucks” un mensaje bastante constructivo y positivo, uno en el que se busca respetar creencias y preferencias, en el que hay una intención de unión manifiesta cuando los chicos populares y los catalogados como “raros” unen fuerzas en un proyecto común, lo sacan adelante y de hecho terminan forjando amistad en donde antes había desprecio y tensión. Las actuaciones de los chicos son muy buenas, destacando Rio Mangini como el cauteloso McQuaid, Sydney Sweeney como la popular Emaline y Peyton Kennedy como Kate Messner, la protagonista cuya sonrisa de dicha en momentos cumbres de la serie ilumina a la misma. Podría tratarse de una de las grandes producciones de Netflix del año.

 Have a boring day!

Edison Guapaz Zambrano
Guitarras y gol
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13 Reasons Why: El Oscuro Mundo Colegial

¿Qué hace que una persona tome la fatal decisión de quitarse la vida? Por más afligido que se encuentre, en el ser humano hay un instinto básico de supervivencia y para hacer a un lado su propia existencia sin duda hay una acumulación de malestares. Así es como Hannah Baker explica mediante un testimonio grabado en audio su fatal decisión.

“13 Reasons Why” es la presente sensación de la plataforma Netflix y si bien aborda un trillado tema como es la vida del adolescente estadounidense promedio con un enfoque central en las vivencias dentro de las instituciones de educación secundaria pública, los recursos narrativos la vuelven particularmente impactante, aprovechando también que al ser difundida principalmente vía Internet, hay un poco más de libertad hacia las formas necesarias para contar esta historia basada en el libro con el mismo nombre que fue publicado en el 2007 por Jay Asher.

La tensión y presión social en los colegios secundarios ha estado presente desde siempre, pero constantemente se renueva hacia nuevos canales en las que se expresa y en nuestros tiempos las redes sociales tienen un papel enorme en esto, razón por la cual resultó imperativo incluir al mundillo tecnológico a la adaptación de un libro de hace 10 años, cuando esta era de dispositivos inteligentes estaba despegando. Precisamente la diferencia entre esta adaptación y el libro original es que un rumor sobre Hannah surgido a través de una foto que su primer novio o cita le tomó y fue viralizada en su colegio desencadenó la serie de acontecimientos que llevaron a la tragedia.

La defensa de su reputación preocupa a cualquier ser humano más o menos normal y lo mismo es una cuestión mucho más sensible en la adolescencia, cuando apenas se va formando el carácter y la personalidad. Al pasar los años y siendo aún joven, en tus 20 o 30 años, dichos problemas tan preocupantes en tiempos colegiales pueden ser risibles, pero relatos como el de “13 Reasons Why” pueden remitir al espectador a esa sensación de falta de confianza sobre sí mismo de años superados. Hoy por hoy, con la facilidad y velocidad de las redes sociales, una reputación puede ser maniatada en horas con consecuencias devastadoras para un espíritu juvenil en formación. El proceso de anulación de la voluntad de Hannah interviene directamente publicaciones difundidas vía redes sociales y al final del desdichado camino, una de las sensaciones aparte de la vulnerabilidad de su ser y cuerpo está el dolorosísimo sentimiento de vacío que implica irse quedando sin amigos o aliados en momentos tan trascendentes para el ser humano, todo por culpa de los dichosos rumores.

Ciertamente en la adolescencia hay una serie de procesos y cambios físicos y emocionales que vuelven vulnerable a una persona, pero sin duda es bastante más complejo y especial en caso de las chicas y para un hombre como el que escribe, puede llegar a ser incomprensible. Por ello el mensaje de “13 Reasons Why” apunta a hacer conciencia en los chicos sobre temas que pueden ser ligeros para ellos (para nosotros) pero mucho más delicados para una mujer. En el caso de Hannah, ella a través de las cintas va explicando cómo se va sintiendo progresivamente degradada como persona: buscada por el rumor que creció como bola de nieve de ser una chica “fácil”, de ser conocida por un atributo físico, difundido por la famosa lista, jueguito que en cualquier aula de clase hemos hecho y al ver la serie podemos sentir algo de culpa. Claro, detalles que parecerían mínimos pero que vale la pena tratar, porque obviamente casos de agresión a la intimidad que retrata la serie tienen que ser decididamente enfrentados con firmeza por parte de padres y autoridades. Educar a los chicos para que deploren y eviten dichos nefastos actos y a las chicas a defenderse.

Ahora, si se trasciende más allá del mensaje, “13 Reasons Why” es muy bien lograda. Se repite para empezar el gancho de lo “estéticamente retro” tan paradójicamente de moda que por ejemplo fue un ingrediente de éxito de “Stranger Things”. La historia gira alrededor de los hoy por hoy arcaicos “cassettes” que fueron tan indispensables para la difusión de cultura juvenil de finales de Siglo XX y en los cuales se grabó el atormentado testimonio de Hannah Baker. La edición y las tomas son impecables para introducir al espectador a la historia que Hannah relata a través del recuerdo de Clay Jenssen, que es a quien le tocó el turno de escuchar las cintas. Aquellos barridos de la cámara que conducen al pasado son sensacionales y hacen a la producción brillante. Destacar también la actuación de jóvenes artistas que se meten en sus papeles de chicos populares y chicos “raros” con mucha solvencia. La misma evolución del personaje de Hannah Baker de una chica vivaz y con mucha personalidad a un ser emocionalmente destruido es magníficamente conducido por la joven actriz Katherine Langford.

“13 Reasons Why” intriga, entretiene, conmueve y educa. Sería muy recomendable verlo en familia con los adolescentes de las mismas, tanto para dar espacios a las reflexiones como por el hecho que hay capítulos con escenas especialmente fuertes. Pero aquella crudeza es válida para narrar esta triste historia como lo que es.

Edison Guapaz Zambrano
Guitarras y gol
fuller house

Un Spin-Off Totalmente Imperfecto

En pocas líneas, y serán pocas por qué no merece más, me permito hacer una breve crítica de la nueva serie estrenada por Netflix: “Fuller House”, y es que hace rato una serie que creaba tanta expectativa no nos lanzaba al abismo del sinsentido, pues pocos serán los valientes que logren terminar la primera y la que debería ser, última temporada.

Para una generación, incluso dos, a quienes el acceso a la televisión por cable nos era más bien limitado, en la que nos veíamos obligados a jugar en el patio y no “ensotarnos” frente al televisor, “Full House” era parte importante de nuestra vida, pues, no había mucho más de donde escoger (eran los Tanners, Will Smith cantando rap, los Súper Campeones y la novela de la abuelita). Las locuras del Tío Jesse, el orden de Danny Tanner, la irresponsabilidad de Joey, la sensualidad apta para todo público de Becky, y la ternura de todo el elenco infantil, brillando todas las niñas cada una en su momento, nos llevan a un feliz lugar, a un pasado que sin duda fue mejor. Es por esta razón que un spin-off (proyecto televisivo nacido de un proyecto anterior) de esta serie, nos llenó de esperanzas y esperábamos volver a vivir las risas que en nuestra inocencia, teníamos de niños.

¡Qué decepción! El primer episodio de esta nueva temporada te lleva a un lugar donde no puedes reconocer nada: Encuentras a los adultos bastante acabados (incluso cuando Jesse dice que se ve bien y aún tiene cabello ves que debe tener más de 50 años y eso te hace sentir anciano a ti), simplemente no puedes terminar de conjugar que aquellas niñas ahora son madres, y que la vida siguió para todos, incluso para los actores de televisión, quienes, valga recalcar, parece que nunca hubiesen sabido actuar, y te das cuenta de lo fingido que resulta ese cariño empalagoso y todos esos abrazos, abrazos todo el tiempo.

Y es que una serie en la que una niña de 8 años es capaz de meter el auto nuevo de su tío en la cocina, para solucionarlo todo mediante un abrazo y un “lo siento” con cara de cordero degollado, con el pasar de los años, no debe seguir con el mismo argumento; menos aún, cuando esa misma niña ahora es una DJ famosa (por cierto, posiblemente el mejor chiste de esta nueva temporada es la discusión por el nombre “DJ Tanner” entre Donna Joe y Stephanie), y explota en cada capítulo su sexualidad a un nivel que te lleva a pensar que estás viendo una película española independiente y no un sitcom infantil, una sexualidad que raya en lo vulgar y que sin necesidad de hacer uso de obscenidades te hace pensar mal varias veces por episodio, no apto para niños.

Los “adultos” desaparecen tras el primer capítulo, y la serie se enfoca exclusivamente en las desdichas de las nuevas adultas; DJ, Stephanie y Kimmy Gibbler (!), quien finalmente llega a ser LA protagonista de esta serie, contra todo pronóstico (muy similar a cuando a Ashton Kutcher le queda gigante el papel de Charlie Harper y es el idiota Alan quien termina moviendo la serie en “Two and a Half Men”: DESASTRE). Gibbler es quizás, la única que no ha cambiado su esencia y eso no es necesariamente bueno, y te recuerda a toda luz un capítulo de “Sixteen and Pregnant”, pues termina casándose con un latino que la engaña cada vez que puede, y es más, la sigue engañando aun cuando Gibbler es una diosa sexual (?): no me queda más que pensar que toda esa locura reprimida se manifiesta en la cama, y ahora madre de una niña que no conoce límites y que seguramente, va a seguir los pasos de su madre con el hijo de DJ, que tampoco es una perita en dulce.

Y eso nos lleva a la actuación de los niños: Jackson, el hijo mayor en un papel para nada destacable, sin embargo no desentona con el dulce empalagoso que se desprende de toda la serie; Max es de largo lo mejor de la serie, pues nos recuerda ese personaje infantil que fue ocupado en un principio por Stephanie y luego por Michelle (recordemos nada más que las gemelas Olsen no participan, acertadamente, de esta comparsa), y aunque a ratos sobreactúa un poco se le perdona por el mismo hecho que se perdonó toda la serie pasada, y es que es el único que trata de tener un personaje limpio. Ni siquiera nombraremos al niño hijo menor, no ha tenido ninguna trascendencia en los capítulos que he podido ver.

DJ Fuller (ya no Tanner) es quizás la más perjudicada en todo este embrollo, pues no logra asentar su papel como madre soltera cuyo esposo acaba de morir, y que se encuentra a cargo de una casa con tres niños propios, su hermana menor que puede tocar en Coachella llegando de improviso (¿DJ Tanner debe ser más grande que Tiesto, no?), una amiga que tampoco acabó de crecer nunca e intenta ser la mejor amiga de su hija adolescente, y por último, de un infaltable nuevo cachorro llamado “Cosmo”.

Esa es una pequeña reseña-crítica de “Fuller House”, una serie que falla estrepitosamente en continuar una historia que debió quedarse quieta hace 15 años. Lastimosamente, la vida sigue, los amigos crecen, se casan y tienen hijos, la gente muere, pero no todo se soluciona con un abrazo.

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POLÍTICA DESDE NUESTRA SALA

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En los últimos meses hemos sido testigos del gran éxito de series televisivas con alto contenido político, dueñas del rating y de los comentarios en las redes sociales, en las que podemos ver a esos líderes políticos como lo que son al fin del día, seres comunes y corrientes, que triunfan en mayor o menor medida en sus entornos dirigiendo los destinos de los suyos y adquiriendo poder, gracias a su carácter y forma de ser.

“¿Hace ruido el árbol en el bosque que cae cuando no hay nadie para escucharlo caer?” dice una antigua cuestión filosófica. El auge del internet le ha dado a la gente el recurso más valioso con el que se puede contar: la información. Somos una sociedad hiperconectada, que tiene al alcance de su mano la capacidad de conocer los sucesos que ocurren en los lugares más remotos, y parecería que donde cae un árbol, siempre hay alguien listo y dispuesto para tomar la foto, el video, el audio y una foto con el árbol caído y compartirlo con el mundo.

Esta capacidad de saber que sucede a todo momento, lleva al ser humano a pensar más allá, pasar del qué al porqué: a tratar de averiguar la razón por la cual cayó el árbol, el motivo de la creación de un impuesto o la causa de una guerra. La discusión de las razones ya no es únicamente para los filósofos de cantina y las sobremesas de almuerzos familiares, sino para cualquier internauta que disponga de un poco de tiempo. Y es ahí donde los productores de televisión han encontrado un nicho para explotar esa curiosidad, para darle al espectador la oportunidad de saber, de primera mano, las razones por las cuales se toman estas decisiones, sin miedo a mostrar el lado humano que muchas veces influye al momento de las actuaciones de estos líderes de televisión: El lado que no se ve del poder.

La política y el poder no han sido temáticas ajenas en nuestras pantallas de televisión. Series como “The West Wing” en el ámbito dramático o “Spin City” en la comedia estadounidense, tuvieron en su momento gran aceptación entre los televidentes. Ahora, “House Of Cards” y “Game of Thrones”, son dos series que de forma diferente, giran alrededor de la política (entendida como la ciencia que trata el gobierno y la organización de las sociedades humanas, o la actividad de los que gobiernan o aspiran a gobernar los asuntos que afectan a la sociedad según la RAE) y el poder que la rodea. La primera tiene una temática netamente política y la segunda más bien, toca el tema sin que necesariamente sea este su ámbito principal.

Puede que existan más diferencias que semejanzas entre una y otra serie, pues la primera es el producto estrella de Netflix, el gigante de transmisiones de series y películas por internet, que ha creado una gran expectativa entre sus subscriptores al apostar fuerte en esta serie con actores de renombre como Kevin Spacey y Robin Wright como la pareja de moda de la Casa Blanca; y la otra tenga como carta de presentación el éxito que han tenido la serie de libros de George R.R. Martin, los cuales fueron llevados a la pantalla con gran fidelidad por HBO, uno de los más importantes canales de televisión por cable a nivel mundial, y que al ser televisión pagada, puede utilizar los recursos de desnudos y muertes sin miedo en su programación.

House of Cards desde un inicio nos atrapa de esa forma, pues Frank Underwood en su primera aparición en la serie mata a un perro moribundo, mientras le habla al espectador utilizando un recurso no muy común en series de dramas: “Hay dos tipos de dolor. El tipo de dolor que te hace fuerte. O el dolor inútil. No tengo paciencia para cosas inútiles. Momentos como este requieren que la gente actúe, que haga cosas que no son placenteras. Que haga lo necesario [mata al perro…]. Ya está, no más dolor.” El poder que tiene Underwood sobre lo que lo rodea, sea su esposa, sus compañeros congresistas en un principio y todo lo que viene después, pues no pienso spoilear la serie si aún no la ven, nos hace cómplices anónimos y silentes de sus actos inmorales o ilegales, los cuales explica con estas pequeñas conversaciones que tiene solo él con la audiencia.

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Game of Thrones en cambio, trata sobre esta misma sucia política, en un ambiente medieval, donde los asesinatos, las pasiones y las guerras por el poder están a la orden del día. Una gran cantidad de personajes con quienes de una forma u otra uno llega a sentirse involucrado, y puede entender la razón de su proceder, siendo la cereza del pastel la inexistente compasión de los escritores, a quienes tampoco les tiembla la mano al momento de cerrar una temporada con el asesinato del personaje más querido por la audiencia.

Y es así como por un lado mandamos un tuit en contra o a favor del presidente, salimos a las calles con el celular y la cacerola en mano para tomar la foto y subirla de inmediato a Instagram, y regresamos a casa para subir un status de Facebook con un resumen de la jornada: El árbol cayó y nosotros estuvimos ahí para escucharlo.

Y claro, después de todo, prendemos la TV y nos acomodamos para ver el nuevo capítulo de Game of Thrones o repetir tres capítulos de House of Cards, porque claro, ya los vimos todos, el día del estreno.