Argentina's Gonzalo Higuain (L) celebrates after scoring his team's second goal as Paraguay's Paulo Da Silva (R) reacts during their World Cup 2014 qualifying soccer match in Cordoba September 7, 2012.          REUTERS/Enrique Marcarian (ARGENTINA - Tags: SPORT SOCCER)

De Brasil a Chile en 12 meses

En Belo Horizonte se empezó a escribir con la mano lo que después se borró con el codo y quiere ser reimpreso en La Serena. Entre la ciudad que Argentina se hospedó en Brasil y la que hoy la tiene como protagonista en Chile hay 4.199 kilómetros, cincuenta horas de viaje en auto: en el camino hay que pasar por San Pablo, donde Messi le dio un pase genial a Di María para dejar eliminada a la temible Suiza de Joseph Blatter; se debe cruzar la costa Brasilera para entrar en Porto Alegre y gritar en el Beira Río el gol de Rojo contra Nigeria; como así también dejar un saludo a los hermanos de la Pulga en su Rosario natal antes de llegar a Mendoza y ya emprender el último tramo del viaje que no tiene parada en Santiago hasta la posible y tan ansiada final, que ya tendrá sentado en el banco de suplentes a otro entrenador.

Argentina no comenzó a jugar la Copa América la noche que empató con Paraguay en La Serena, sino el día que Alejandro Sir Sabella decidió no continuar siendo el técnico de la Selección albiceleste después de la Copa del Mundo que terminó en Brasil en julio del año pasado. El elegido era Diego Simeone, quizás el reflejo de Sabella en muchos aspectos y hubiese sido la real continuidad de un proceso que fue bueno desde los resultados pero que no terminó siendo exitoso.

De resultados se vive y por eso siempre van a escribir que el paso de Sabella por el banco de Argentina fue bueno para todos, tanto para su bolsillo como para quienes seguimos el ciclo por televisión, ya que hubo más triunfos que derrotas y más sonrisas que llantos, aunque las lágrimas de hace once meses todavía reposan en las mejillas de Lionel Messi. Pachorra cumplió, dejó su sello y se fue. Gustó, quizás no, sin embargo llegó a una final del Mundo después de 24 años dirigiendo su mejor partido en esa tarde de Río de Janeiro en la que Alemania volvió a levantar la Copa.

La Selección argentina se quedó con sabor a poco frente a Paraguay después de un primer tiempo digno del mejor equipo de Sudamérica, sin embargo el gusto fue a derrota; después llegó Uruguay y sin tanto brillo se ganó un partido que en la previa era el más difícil; y por último solamente se sumaron tres puntos contra Jamaica, que es un rival indigno de análisis, sin valor futbolístico, un invitado que nunca debería haber llegado a la fiesta.

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Gerardo Martino todavía no ha dirigido 15 partidos pero es juzgado por lo que no ganó en Barcelona e incluso porque los jugadores pasan mucho la pelota para los costados, sin embargo el ex entrenador de Newell’s logró que Argentina intente obtener un estilo que él mismo dice que nunca tuvo, ya que en el país del fin del mundo nunca existieron los proyectos futbolísticos y que el Tata sea la continuidad de Sabella es la mejor demostración de eso. Pachorra buscaba ganar cuidando su arco mientras Martino quiere lo mismo mirando el del enfrente. Son estilos totalmente diversos, uno casi lo logra en Brasil y el otro solo podrá demostrar que tiene razón si gana en Santiago, porque eso es lo que dice importarle a la gente: el resultado sin importar cómo obtenerlo.

Gerardo Martino habla en cada conferencia de prensa y deja claro su mensaje, después de haber dirigido sus primeros tres partidos oficiales lo que más importa es la producción, que tiene que ver directamente con la posesión, la distribución, la ejecución y finalmente, como consecuencia, el ya mencionado resultado.

Argentina está en un proceso de reconstrucción. Suena raro después de lo que sucedió hace menos de 12 meses en la Copa del Mundo, sin embargo los esquemas cambiaron, muchos nombres también e incluso la idea, es un volver a empezar sin la espalda que hoy podía llegar a tener Sabella y con la primera gran apuesta de la Asociación del Fútbol Argentino después de que se haya terminado el ciclo de Julio Grondona como dueño de todo lo que pase en el fútbol nacional.

Argentina es así hace más de tres décadas y seguramente todo está dado para que el camino no se modifique: de Menotti a Bilardo, de Bilardo a Basile, de Passarella a Bielsa y de Bielsa a Pekerman. Así era Grondona y ahora no parece cambiar tanto. De atacar con cuatro a defender con cinco, para volver a atacar con cuatro. De jugadores con pelo corto y entrenadores estrictos tácticamente a que se pueda tomar whisky en la concentración. De jugar sin enganche a tenerlo como una devoción. Y de nuevo lo mismo. La historia de la Selección argentina en los últimos treinta años se escribió y se borró con la misma facilidad, no hay planificación, nunca la hubo y hasta que no cambien la mayoría de los nombres de la vieja camada de dirigentes tampoco la va a haber.

En la mayoría de los casos, la gran carrera de los futbolistas en Europa tapó el fracaso institucional de todo el fútbol argentino, sin embargo eso a los hinchas le importa muy poco, ya que exigen y necesitan resultados deportivos a nivel Selección. Si algún dirigente hubiese ido preso era justicia, pero cuando Martino da la charla técnica, le da la cinta a Messi y Mascherano dice su arenga todo pasa a segundo plano, lo que se pide son resultados. Los estamos esperando. Y que vengan con espectáculo.

Guillermo Ibarra

@ibarraguille

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