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Retro y Glamour con GLOW

Una vez más la nostalgia se apodera de la ya entrañable plataforma de televisión Netflix para atrapar a un público específico que busca ya sea recordar o cautivarse con otros tiempos. Uno de sus productos para ello es la serie “GLOW”.

 “GLOW”, que son las siglas de “Gorgeous Ladies of Wrestling” (hermosas damas de la lucha libre), fue un show que realmente existió desde la segunda mitad de la década de los 1980s y el programa actual busca retratar los orígenes del mismo con situaciones ficticias y personajes tal vez inspirados en el show original, pero cambiados en cuanto a nombre y a veces esencia para dar un resultado dramático interesante.

 El elemento clave de GLOW consiste en retratar y a la vez parodiar lo que era la producción de televisión hace 30 o más años en cuanto a recursos tecnológicos como narrativos. De todas maneras las cámaras y equipos de edición quedan en segundo plano cuando hablamos de la construcción del show en cuanto a guión. Resulta que la gracia es comprobar qué tan estereotipados podían ser los personajes de lo que se supone es un concurso internacional de lucha. En los años 80 aún se vivía las tensiones de la guerra fría y el programa en torno a eso se supone debe tener un fuerte antagonismo entre la americana “Liberty Bell” y la soviética “Zoya the Destroya”.

 En realidad “Zoya” es el personaje que encarna Ruth Wilder, una actriz con varios problemas para llevar su carrera con suceso y que se topa con esta peculiar oportunidad y es interpretada por Alison Brie. En la historia tiene que ser coestelar con Debbie Eagan (interpretada por Betty Gilpin), quien da vida a “Liberty Belle” y con quien en la vida real tiene un conflicto complicado de resolver. La tensión entre ellas condimenta al espectáculo televisivo sin la sospecha para los espectadores sobre el problema real entre ambas, aunque finalmente pueden colaborar para darle la mayor calidad posible al espectáculo. El elenco de luchadoras que comparten el ring con Zoya y Liberty Bell cumplen con unos cánones de estereotipo que hoy, 30 años después de haberse emitido el GLOW original resultarían difíciles de emitirse por lo ofensivos que pudiesen resultar al público actual.

 Por los pronto hay 2 temporadas claramente diferenciadas en este GLOW remozado. En la primera cuenta la concepción del show y su desarrollo, lo que incluye el reclutar a las damas protagonistas, conseguir una locación donde se desarrollen las peleas y sobretodo el duro entrenamiento al que deben someterse para que sus enfrentamientos luzcan reales y sobretodo sean seguros. Es bien sabido que los espectáculos de lucha libre son básicamente ficción, mas sus famosos movimientos requieren de pericia y práctica, caso contrario pueden resultar muy peligrosos para quienes los ejecutan. La segunda temporada es el show ya en marcha con sus problemas para la difusión.

algo del show original

 GLOW aborda una temática general que en los actuales momentos es muy cotidiana, pero que en los años 80 apenas sí se estaba tomando en cuenta, la cual era buscar nuevos protagonismos a los roles femeninos. En este caso incursionar en un programa de lucha libre resultaba por demás novedoso treinta años atrás, cuando era una asunto absolutamente de hombres. También aborda tan mentada “cosificación”, pues descubren que al salir en televisión ligeras de ropa atraen principalmente a “solitario público masculino”. En la misma viada el principal personaje masculino, el director Sam Sylvia, experimenta nuevos roles para su aparentemente despreocupada vida en la cual tendrá que hacerse cargo de “sus luchadoras” como un padre así como de su hija adolescente a quien no la vio crecer. A este personaje lo encarna Marc Maron. La evolución de un Sam egoísta y malhumorado a uno más humano y paternal forma parte del hilo del programa.

GLOW también encara los excesos del mundo del espectáculo y por ello lógicamente debe ser su ubicación en Los Ángeles, California y alrededores, donde el sexo, las drogas y demás vicios estaban a la orden del día y que en los 80 ciertamente tenían un espacio en el estilo de vida. Los peinados extravagantes, la ropa llamativa y la espectacular la banda sonora ambientan a una producción que ciertamente en ambas temporadas tiene un comienzo lento, pero termina atrapando al espectador.

Edison Guapaz Zambrano
Guitarras y gol
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Luis Miguel, La Serie: Retro y Resurección

En las últimas semanas Latinoamérica vivió el furor de haber “desempolvado” a tal vez una de sus figuras más queridas en cuanto a espectáculo, pero que quizás en estos tiempos estaba un poco olvidado. Sin duda estamos hablando de Luis Miguel.

 Netflix dispuso en su catálogo de una serie televisiva que relata el camino a la fama del astro de la canción con mucho suceso. Una de las claves del éxito fue la forma como se dispuso la misma con emisiones semanales de cada capítulo, algo que no es muy acostumbrado en dicha plataforma. Cada semana el suspenso se apoderó del espectador y los mismos se fueron multiplicando mientras duraron los 13 capítulos.

 Pero no solo la frecuencia de la emisión fue un eje del éxito de la serie. En verdad hay muchos puntos positivos de los cuales hablar. Para empezar, una vez más Netflix apeló a la nostalgia como en muchas otras de sus producciones, aunque por primera vez ese recurso fue utilizado en una producción latinoamericana. El punto es que es harto conocida la enorme popularidad que tuvo Luis Miguel en los años 1980s y 1990s entre la juventud de aquellos días y con especial énfasis en el público femenino. Rememorar aquellos días sin duda pudo haber sido un ejercicio de reminiscencia de gratos momentos.

La historia necesitaba ser contada paso a paso como las “novelas de antaño”, pues uno de los motivos más fuertes que mueve a la producción es el misterio de la desaparición de Marcela Basteri, mamá de Luis Miguel, y a lo largo de los 13 episodios la intriga permanece alrededor de un hecho que en la realidad no deja de tener más oscuros que claros. Una persona golpeada por la repentina y poco clara desaparición de su madre sin duda conmueve y pone al televidente a su completo favor, enseguida pasa a ser Luis Miguel indiscutiblemente el bueno de la serie.

Si hablamos de villanos, el de la producción es espectacular. “Luisito Rey”, el padre de Luis Miguel, es retratado como un abusador, explotador y manipulador cuya ambición si bien encumbró la carrera del cantante, destrozó los lazos familiares. La actuación del español Óscar Jaenada en el papel de “Luisito” es memorable. Es tan buena que no se puede evitar odiarlo mientras la serie transcurre. Sus gestos y posturas enervan a primera vista, tan genial que el mundo de las redes sociales se apropió de su imagen para popularizar toda clase de memes y tendencias.

Aparte del fantástico demonio de Luis Rey, están los ángeles de la serie, aquellos soportes en la carrera y vida de Luis Miguel como el mánager Hugo López, un maduro señor argentino que con sabias palabras y sinceras acciones hizo el rol de padre de “Mickey” en sus buenos y malos ratos, así como la relacionista pública Rosy Esquivel, quien aporta con el cariño y dulzura que hacia falta en su tempranamente ocupada vida o el memorable Cadete Tello, encargado de la preparación militar de “El Sol” para el recordado video del tema “La Incondicional”. De todos ellos Luis Miguel saca lecciones valiosas que le permiten crecer en su vida y en la serie aparece como un artista en constante crecimiento y maduración, aunque tal vez sus críticos digan que no es algo tan cierto. En cuanto a romance, es bien conocido el “notable historial” del cantante, sin embargo en esta producción se lo retrata más bien vulnerable.

 Los esfuerzos para hacer creíble a la narración son notables, empezando por la selección del protagonista, el actor Diego Boneta, quien encarnó a Luis Miguel, no solo aportó en su aspecto físico, sino en su habilidad al interpretar los clásicos del cantante. Es igualmente asombroso el parecido físico de los actores que interpretaron a Luis Miguel niño y adolescente con el auténtico.

 Sin duda Luis Miguel se anotó un golazo con la producción de esta serie basada en su libro biográfico y nuevamente está en boca de todos para bien, recordando su inmensa calidad interpretativa más allá de lo que hayan podido ser sus caídas de orden personal. Una serie que totalmente ha valido la pena ver así el pop y las baladas estén lejos de sus preferencias musicales.

Edison Guapaz Zambrano
Guitarras y gol
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Tensión Adolescente y Retro en Gran Fórmula

Continuando con la moda de las series con enfoque retro “Everything Sucks” estuvo disponible para la plataforma Netflix desde 2018, esta vez con evocación a la década de los 90.

 Quien arrancó a ver la serie y creció siendo aun el siglo pasado, pudo haber tenido en un principio la sensación de ver una vieja serie de Nickelodeon por el enorme esfuerzo de hacer parecer que en verdad los hechos ocurren u ocurrieron en dichos tiempos: colores, textura de la imagen, obviamente la ropa y peinados de los chicos y más detalles. Claro, mientras el primer episodio transcurre se advierte que va a estar bastante lejos de la tónica edulcorada de aquella televisión noventera para adolescentes.

 “Everything Sucks” abarca temas que difícilmente se hubieran visto en televisión supuestamente dirigida para niños y adolescentes hace 20 años: desde la orientación sexual de uno de los personajes, situación que define muchos de las tensiones dramáticas de la serie que gira en torno al intento de desarrollar una producción audiovisual en una secundaria de los Estados Unidos. Otros temas que eran muy vigentes en los años 90 son abarcados como las familias disfuncionales o el uso de drogas en adolescentes y adultos.

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 Para desarrollar la historia se escogió a una pueblo llamado “Boring” en el Estado de Oregon, el cual realmente existe. Es simpático como se optó por esta población tomando en cuenta su nombre (aburrido) en inglés y la relación con el tedio adolescente en los sitios pequeños de Norteamérica. Del mismo modo se puede advertir la intención de ubicar la historia en el noroeste estadounidense, con lo relevancia que tuvo esta zona geográfica en la cultura popular de los 90.

Si hablamos de la cultura popular de los 90, estos saltan evidentemente a lo largo de la serie: algún poster de Jonathan Taylor Thomas, el cabello decolorado en alusión a Dennis Rodman, banda sonora con artistas diversos de los tiempos como: Oasis, Ini Kamoze, Ace of Base, Tori Amos o The Cardigans. La alusión tecnológica es fundamental, pues la serie gira entorno al VHS, además hacen su aparición los cassettes, discos compactos y el famoso tono de módem de conexión telefónica a Internet. Todo diseñado para tocar el sentimiento nostálgico.

Everything Sucks ilustra la angustia adolescente inherente a cualquier generación y que de acuerdo a los tiempos se expresa en ese tira y afloja social que se ha ido moldeando de acuerdo a la tecnología disponible, también un poco de angustia adulta reflejado en los personajes maduros de la serie a los cuales ninguno se les podría atribuir una madurez sanamente desarrollada, pues incluso el director del colegio tiene temas juveniles no resueltos, lo que eso sí logra que el mensaje de la serie permanezca siempre fresco, siempre joven.

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Se puede rastrear en “Everything Sucks” un mensaje bastante constructivo y positivo, uno en el que se busca respetar creencias y preferencias, en el que hay una intención de unión manifiesta cuando los chicos populares y los catalogados como “raros” unen fuerzas en un proyecto común, lo sacan adelante y de hecho terminan forjando amistad en donde antes había desprecio y tensión. Las actuaciones de los chicos son muy buenas, destacando Rio Mangini como el cauteloso McQuaid, Sydney Sweeney como la popular Emaline y Peyton Kennedy como Kate Messner, la protagonista cuya sonrisa de dicha en momentos cumbres de la serie ilumina a la misma. Podría tratarse de una de las grandes producciones de Netflix del año.

 Have a boring day!

Edison Guapaz Zambrano
Guitarras y gol
obituario 2017

Obituario 2017

Con el 2017 recién finalizado llega el momento de recordar a personajes que nos dejaron en dicho año. Claro, depende bastante del punto de vista y acervo cultural de quien hace memoria, así como quien lee. Repasemos algo de ello.

 El Ecuador y el mundo del tenis mundial lamentó la muerte de Francisco Segura Cano “Pancho Segura”. Nacido en el camino entre Quevedo y Guayaquil. Campeón del US Pro en los años 1950, 1951 y 1952 y finalista en varias ocacsiones del mismo torneo así como del Wembley Pro. Precursor del profesionalismo en el deporte y uno de los constructores de lo que posteriormente sería el circuito profesional. Posteriormente fue entrenador del “Beverly Hills Tennis Club” donde fue instructor de famosos de la industria mediática norteamericana y también fue mentor de uno de los grandes del deporte blanco como Jimmy Connors. Su legado al tenis es sin duda su famoso revés a dos manos.

En Ecuador hubo consternación por la partida de Víctor Hugo Araujo y José María Andrade, quienes dejaron su huella en el periodismo deportivo de la nación. Así como por Roberto “Pibe” Ortega, integrante de la clásica formación de los “5 reyes magos” de Emelec en la década de los 60.

 El mundo lamentó la partida de jugadores clásicos como el español Manuel Sanchís o el atacante francés Raymod Kopa, quienes destacaron en el fútbol de los años 50 y 60 del Siglo XX. En Latinoamérica se sintió el fallecimiento del goleador paraguayo Roberto Cabañas quien brilló en los años 1980 y 90, militando en 1994 en el Barcelona de Guayaquil. Así mismo nos dejaron entrenadores clásicos latinoamericanos como el paraguayo Aníbal “Maño” Ruiz, el hispano – argentino Ramón Cabrero o el boliviano Ovidio Mesa.

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El mundo del deporte mundial recuerda también la partida en este año del pesista turco y campeón olímpico Naim Suleymanoglu, así como de la tenista checa Jana Novotna, ganadora de Wimbledon en 1998. Consternación y sorpresa por la muerte repentina de deportistas en actividad como el marfileño Cheick Tioté, quien se desvaneció durante un entrenamiento, así como del panameño Amílcar Henríquez, víctima de un asesinato.

El mundo de la música tuvo serias bajas con la pérdida de músicos clásicos del rock and roll como el guitarrista Chuck Berry, guitarrista fundacional del género e innovador del instrumento, Wayne Cochran, autor de la famosa balada “Last Kiss” (mejor conocida en nuestras tierras como “por qué se fue y por qué murió…), el tecladista Fats Domino también precursor del genero. Nos dejaron también John “J. Geils” Geils y Tom Petty, quienes brillaron en los años 70 y 80 del Siglo XX, además del guitarrista fundador de AC/DC, Malcolm Young. Pero sin duda los fallecimientos más impactantes fueron los de Chris Cornell, líder de bandas como Soundgarden y Audioslave y Chester Bennington, vocalista en Linkin Park, pues se encontraban en plena actividad. En ambos casos se habló de suicidio.

Nos dejaron celebridades como Adam West, famoso por su interpretación de Batman en la serie televisiva sesentera, Roger Moore, uno de los clásicos encarnadores de “James Bond” o Hugh Hefner, fundador de Playboy y probablemente el hombre más envidiado del mundo (?) Tristemente célebres como Charles Manson y políticos como el dictador panameño Manuel Noriega o el canciller alemán del momento en que se derrumbó el muro de Berlín, Helmut Kohl.

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Edison Guapaz Zambrano
Guitarras y gol
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El Entrañable “Club de Cuervos” y las Razones de su Éxito

¿De qué otra cosa iba a hablar la primera serie de Netflix latinoamericana si no de fútbol?

Club de Cuervos ha venido apasionando a los usuarios de esta plataforma desde su estreno en 2015. Con 2 temporadas y 23 episodios en total se ha tomado la cultura popular latinoamericana y algunos de sus personajes podrían ya considerarse clásicos dentro de la misma. El porqué de este éxito intentaremos descifrarlo.

Mucha de la responsabilidad está en la experiencia y capacidad que hay en México en cuanto a narrativa audiovisual. Si bien Club de Cuervos se presenta como una serie cómica, cosa que los mexicanos saben hacer muy bien y ejemplos sobran, la realidad es que se la cuenta casi como una telenovela, algo para lo que ellos también son buenísimos. La historia vendría a ser como la del clásico culebrón azteca en el que una respetable familia se divide por una herencia. En este caso, la herencia es el club de fútbol “Cuervos de Nuevo Toledo” (tanto el equipo como la ciudad son ficticias) y la disputa surge al fallecer el patriarca del mismo: Don Salvador Iglesias. La pelea sobre el club y demás bienes del connotado caballero se da entre sus 2 hijos reconocidos (ambos de distintas parejas) y un tercero que estaba en camino antes de su muerte, como para completar un drama tan parecido a alguna de las “Marías” de los años 90.

Para soportar este tortuoso hilo narrativo están las actuaciones. Ahí es cuando Luis Gerardo Méndez y Mariana Treviño realmente se lucen con trabajos espectaculares. Salvador Iglesias Jr. “Chava”, interpretado por Méndez es un tipo sumamente entrañable y querible para el espectador, pese a ser un completo cretino en cuanto a códigos futbolísticos y no se diga de organización. “Chava”, con su irresponsabilidad y vicios, irradia tanto carisma que siempre quieres que sus disparates le salgan bien a pesar que a sujetos futboleros como quien escribe le pueda parecer sumamente ofensivo que irrespete el camerino, contradiga las órdenes del entrenador y peor aún, que haya hecho algún trato con el equipo rival. Como sabemos, el en un inicio fue electo presidente de Los Cuervos y es el alma indiscutible de la serie.

En la contraparte está Isabel Iglesias, interpretada por Mariana Treviño, una mujer muy armas tomar, muy responsable y conocedora en los campos de la administración cuya injerencia incluso a su tiempo hizo bien al equipo, pero su personalidad avasallante y exigente la hacen “la perra” (dicha por ella misma) de la serie, completamente detestable. Es una antagonista difícil de entender, pues no es precisamente mal intencionada, solo busca reivindicar lo que ella cree que merece y busca lo mejor para el club y para el imperio construido por su difunto padre.

Como vemos, a pesar que el eje central de la serie se supone es el fútbol, no se desarrolla por completo en cuanto a dicho eje temático y toma de manera algo sobredimensionada sus campos más oscuros y algo míticos como los sobornos, arreglos por debajo de la mesa, los intereses de los agentes de jugadores, planteles buscando hacer la casa o la cama a sus entrenadores, doping, infidelidades, prostitución, etc. Todo aquello con el fin de enganchar a un espectador ávido de polémica, la cual en “Club de Cuervos” siempre existe. El plantel de fútbol, pues es el típico de cualquier equipo latinoamericano: la base local llena de chicos humildes, muy ingenuos los más jóvenes, el clásico delantero argentino “pintero” imán de la fanaticada femenina, el brasileño que es todo fiesta y buen humor y el excéntrico refuerzo extranjero que por una millonaria cifra llega a los clubes de más alta inversión. También está la vieja gloria que se hace cargo de la dirección técnica en tiempos de crisis.

Mientras tanto, la fanaticada aguarda el estreno de la tercera temporada de la que se tiene las más grandes expectativas y esperando que esté a la altura de las 2 primeras temporadas.

Edison Guapaz Zambrano
Guitarras y gol
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13 Reasons Why: El Oscuro Mundo Colegial

¿Qué hace que una persona tome la fatal decisión de quitarse la vida? Por más afligido que se encuentre, en el ser humano hay un instinto básico de supervivencia y para hacer a un lado su propia existencia sin duda hay una acumulación de malestares. Así es como Hannah Baker explica mediante un testimonio grabado en audio su fatal decisión.

“13 Reasons Why” es la presente sensación de la plataforma Netflix y si bien aborda un trillado tema como es la vida del adolescente estadounidense promedio con un enfoque central en las vivencias dentro de las instituciones de educación secundaria pública, los recursos narrativos la vuelven particularmente impactante, aprovechando también que al ser difundida principalmente vía Internet, hay un poco más de libertad hacia las formas necesarias para contar esta historia basada en el libro con el mismo nombre que fue publicado en el 2007 por Jay Asher.

La tensión y presión social en los colegios secundarios ha estado presente desde siempre, pero constantemente se renueva hacia nuevos canales en las que se expresa y en nuestros tiempos las redes sociales tienen un papel enorme en esto, razón por la cual resultó imperativo incluir al mundillo tecnológico a la adaptación de un libro de hace 10 años, cuando esta era de dispositivos inteligentes estaba despegando. Precisamente la diferencia entre esta adaptación y el libro original es que un rumor sobre Hannah surgido a través de una foto que su primer novio o cita le tomó y fue viralizada en su colegio desencadenó la serie de acontecimientos que llevaron a la tragedia.

La defensa de su reputación preocupa a cualquier ser humano más o menos normal y lo mismo es una cuestión mucho más sensible en la adolescencia, cuando apenas se va formando el carácter y la personalidad. Al pasar los años y siendo aún joven, en tus 20 o 30 años, dichos problemas tan preocupantes en tiempos colegiales pueden ser risibles, pero relatos como el de “13 Reasons Why” pueden remitir al espectador a esa sensación de falta de confianza sobre sí mismo de años superados. Hoy por hoy, con la facilidad y velocidad de las redes sociales, una reputación puede ser maniatada en horas con consecuencias devastadoras para un espíritu juvenil en formación. El proceso de anulación de la voluntad de Hannah interviene directamente publicaciones difundidas vía redes sociales y al final del desdichado camino, una de las sensaciones aparte de la vulnerabilidad de su ser y cuerpo está el dolorosísimo sentimiento de vacío que implica irse quedando sin amigos o aliados en momentos tan trascendentes para el ser humano, todo por culpa de los dichosos rumores.

Ciertamente en la adolescencia hay una serie de procesos y cambios físicos y emocionales que vuelven vulnerable a una persona, pero sin duda es bastante más complejo y especial en caso de las chicas y para un hombre como el que escribe, puede llegar a ser incomprensible. Por ello el mensaje de “13 Reasons Why” apunta a hacer conciencia en los chicos sobre temas que pueden ser ligeros para ellos (para nosotros) pero mucho más delicados para una mujer. En el caso de Hannah, ella a través de las cintas va explicando cómo se va sintiendo progresivamente degradada como persona: buscada por el rumor que creció como bola de nieve de ser una chica “fácil”, de ser conocida por un atributo físico, difundido por la famosa lista, jueguito que en cualquier aula de clase hemos hecho y al ver la serie podemos sentir algo de culpa. Claro, detalles que parecerían mínimos pero que vale la pena tratar, porque obviamente casos de agresión a la intimidad que retrata la serie tienen que ser decididamente enfrentados con firmeza por parte de padres y autoridades. Educar a los chicos para que deploren y eviten dichos nefastos actos y a las chicas a defenderse.

Ahora, si se trasciende más allá del mensaje, “13 Reasons Why” es muy bien lograda. Se repite para empezar el gancho de lo “estéticamente retro” tan paradójicamente de moda que por ejemplo fue un ingrediente de éxito de “Stranger Things”. La historia gira alrededor de los hoy por hoy arcaicos “cassettes” que fueron tan indispensables para la difusión de cultura juvenil de finales de Siglo XX y en los cuales se grabó el atormentado testimonio de Hannah Baker. La edición y las tomas son impecables para introducir al espectador a la historia que Hannah relata a través del recuerdo de Clay Jenssen, que es a quien le tocó el turno de escuchar las cintas. Aquellos barridos de la cámara que conducen al pasado son sensacionales y hacen a la producción brillante. Destacar también la actuación de jóvenes artistas que se meten en sus papeles de chicos populares y chicos “raros” con mucha solvencia. La misma evolución del personaje de Hannah Baker de una chica vivaz y con mucha personalidad a un ser emocionalmente destruido es magníficamente conducido por la joven actriz Katherine Langford.

“13 Reasons Why” intriga, entretiene, conmueve y educa. Sería muy recomendable verlo en familia con los adolescentes de las mismas, tanto para dar espacios a las reflexiones como por el hecho que hay capítulos con escenas especialmente fuertes. Pero aquella crudeza es válida para narrar esta triste historia como lo que es.

Edison Guapaz Zambrano
Guitarras y gol
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Les Bleus: Fútbol, Historia y Política

La selección francesa en los últimos 20 años pasó por tremendos contrastes en rendimiento y emociones, lo que influyó no sólo en la pasión del aficionado y no tan aficionado galo al fútbol, sino que pudo poner en un plano más notorio a discusiones políticas y sociales que permanecían relegadas aunque insertadas tal vez en campos más profundos del inconsciente.

Tras unos gloriosos años ochenta, la selección francesa enfrentó serios reveses a su tradición al no haber podido participar en los mundiales de 1990 y 1994. Para enmendar esta situación, la generación que se preparaba para enfundarse la camiseta azul era bastante heterogénea. Los Thuram, Desailly, Karembeu, Zidane, Djorkaeff y demás, procedían de orígenes muy dispersos alrededor del mundo. Brevemente recordemos que Francia colonizó varios territorios por el planeta y de aquellos lugares recibió ciudadanos que se fueron insertando en el diario vivir francés o que en sus tierras algo de la cultura, aunque sea el idioma había quedado.

Esta Francia “multinacional” despertó esperanza e incertidumbre a la vez. Si bien, Francia desde siempre ha tenido figuras “extranjeras como Just Fontaine o Marius Tresor, lo que se gestó en los 90 no se podía concebir tan fácilmente en un mundo menos comunicado del Siglo XX. El emblema de esta selección era un joven de padres argelinos pero muy marsellés todo él: Zinedine Zidane, al que lejos de reconocerle un torneo exitoso, se le cargó con la culpa de la eliminación en semifinales de la Eurocopa 1996 ante la República Checa.

Justamente Zidane se convertiría de villano a héroe al anotar en la final de la Copa del Mundo de 1998 ante Brasil en la que se proclamaron campeones siendo anfitriones. La generación “black – blanc – beur” (negro – blanco – árabe) unió a Francia dentro de ese orgullo nacional tan vano y tan genuino a la vez que solo el fútbol puede dar. Una nueva generación que confluyó en tierra gala bajo sus ideales de libertad, igualdad y fraternidad fue el avance de la Europa futura y que tal vez en estos momentos y por otros factores es discutida.

La selección francesa de estos últimos años ha tenido momentos gloriosos como: El título mundial de 1998, la Eurocopa de 2000, ser finalista mundial en 2006 y europeo 2016. Así también pasó por momentos desastrosos como la eliminación en primera ronda y sin victorias de los mundiales 2002 y 2010. En la apoteosis aquella generación fue alabada y vitoreada, en los momentos bajos les recordaron su origen, tratados como “gentuza” y la tensión étnica se puso de manifiesto. Resaltaban objeciones absurdas como si los seleccionados cantaban o no la marsellesa.

¿Qué vemos actualmente no sólo en la selección francesa sino en varias selecciones europeas? Algo así como lo que vimos en la Francia noventera: un crisol de razas y no precisamente por un pasado colonizador. Selecciones como Alemania, Bélgica o Suiza no podrían disponer del plantel que tienen por ello y más bien los ideales de bienestar de aquellas naciones atrajeron una migración que hoy es componente fuerte de sus sociedades con hijos plenamente ciudadanos de aquellas naciones europeas que como cualquier otro pueden enfundarse una camiseta de fútbol por ser los mejores de una tierra que los vio nacer. Sin embargo, no todo es tan ideal.

Detrás de ese colorido de la selección francesa también está una historia de marginación. En el documental “Les Bleus” se habla del origen de sus jugadores. En los 90, jugadores como Lilian Thuram o Marcel Desailly provinieron de “ultramar”, mas la actual generación es plenamente nacida en Francia pero con padres o tal vez abuelos africanos, árabes, antillanos o de Oceanía. Aquella generación se crió en suburbios, guetos que no estaban completamente integrados a la sociedad francesa, lo que ha generado sentimientos de exclusión que pueden desembocar incluso en temas tan tristes y peligrosos como el terrorismo. Bueno, pues de esos mismos guetos ha surgido también el orgullo nacional.

Las derrotas de estas generaciones fueron caldo de cultivo para las expresiones segregacionistas de la ultra derecha, que también alentados por el miedo al terrorismo han reivindicado un nacionalismo primigenio que les permitió cierto avance en la búsqueda del poder, el cual ha sido todavía contenido. La multi culturalidad genera este tipo de problemas y en el caso de Francia, incluso llegó a forzar a una escueta pero decisiva pronunciación política del mismísimo Zidane, conocido por mantenerse aparte de estas situaciones. “Les Bleus” trata mucho de estas tensiones entre la Francia primigenia y blanca con la nueva Francia africana y árabe que está inserta pero no del todo en la sociedad europea contemporánea. La fluctuación entre convivencia y tensión al vaivén de los resultados de una selección de fútbol. Además, la velocidad de las comunicaciones permitió a la opinión pública estar cada vez más al tanto de situaciones de la vida personal de jugadores como Nasri, Ribery o Benzema que los pusieron en ojo de la crítica más que por sus actuaciones en el campo de juego.

La exaltación o menosprecio de un grupo social y étnico por culpa del deporte puede estar inserta en cualquier nación. Un ecuatoriano que vea “Les Bleus” no se va a sentir ajeno a ello, pues ha vivido en carne propia como el país pasa de “negros lindos” cuando la selección gana a “negros brutos o vagos” cuando pierde. Así mismo, aquellos muchachos que representan en un deporte a una nación, tienen un origen muy humilde, lejos de los centros culturales y de poder de nuestra nación y aunque sus costumbres no varían tanto como puede pasar en Francia, parecieran ser de mundos ajenos, pero bien que con su talento pueden aportar a 90 minutos de felicidad. Vale la pena ver “Les Bleus” para el futbolero, pero también para el que ve algo más allá de los goles y gambetas.

Actualmente la selección francesa se perfila como candidata al próximo mundial de Rusia con valores de todos los orígenes como: Samuel Umtiti, N’golo Kanté, Kevin Gameiro, Antoine Griezmann, Olivier Giroud, Layvin Kurzawa o Kylian Mbappé.

“Les Bleus, Un Autre Histoire De France” está disponible en Netflix.

Edison Guapaz Zambrano
Guitarras y gol
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El Fenómeno Stranger Things

Stranger Things fue tal vez uno de los más importantes fenómenos en cuanto a producción mediática, no sería tan preciso decirlo de “T.V.”, pues fue transmitida por la plataforma “Netflix” a la que se puede acceder a través de Internet. Se pueden atribuir varios factores a su éxito e intentaremos descubrirlos.

Uno de los principales elementos en esta serie es el contexto retro en el que se desenvuelve, pues la trama está toda dentro de los años 80, lo que paradójicamente va muy de la mano con las tendencias actuales en las que la fascinación por los elementos de la cultura popular del siglo XX está a la orden del día. La nostalgia de ver teléfonos de disco, cintas de audio, antiguos modelos de autos, bicicletas o vestimentas pudo haber hecho suspirar a más de uno. Aquel ambiente en el que la tecnología tenía su presencia más no el protagonismo del presente pudo también darle mayor hilo a una trama que con los dispositivos actuales pudieron haberse resuelto más rápidamente. La música ochentera (The Clash, Foreigner, Modern English, The Bangles) también contribuye a dicho ambiente nostálgico. En sí, en Stranger Things se encuentra una especie de tributo a serie como “Twilight Zone” o películas como E.T.

Stranger Things ofreció una mezcla de intriga y misterio muy especial en la que las conspiraciones y lo paranormal se mezclan para mantener la atención del espectador ya que ambas son motivo de fascinación. Hablar de secretos del gobierno norteamericano y planes de acceso restringido es la motivación de varias producciones en el país del norte, a veces bien documentadas y en otras con rienda suelta a la fantasía en la que más se desenvuelve el segundo punto, pues los fenómenos paranormales suelen ser muy exitosos en las producciones mediáticas de cualquier latitud. Ambas características se juntan para crear el villlano de la serie, el monstruo responsable de las desapariciones en aquel pueblo pequeño del estado de Indiana. Así mismo las conspiraciones y lo paranormal se juntan para crear a la enigmática Eleven, aquella niña con poderes telekinéticos que con pocos diálogos y mucha actitud conquistó los corazones de los espectadores.

La serie también trató temas que tímidamente se abordaban desde los 80 y fueron tomando mayor fuerza con los años. Uno es las familias disfuncionales, protagonistas a partir de los 90 en las series de televisión y producciones afines. En Stranger Things podríamos decir que la “familia protagonista”, la del niño Will Byers, por cuya desaparición se desarrolla la serie, tenía a una madre divorciada como cabeza de familia, aunque también se ve familias típicas como los Wheeler. También se trata el tema del “bullying”, pues lo sufren los chicos que protagonizan la serie, quienes tienen características estereotipadas de “chicos raros”, quienes normalmente son vulnerables a este tipo de prácticas de las que juntos salen relativamente bien librados hasta que quedan en defensa de Eleven, quien con sus poderes se vuelve la heroína y pone en su lugar a los bullies. Problemas varios por los que pasan los niños y adolescentes y su complicado mundo de relaciones sociales fueron también una buena salida dentro del universo de misterio y conspiración.

Destacar que en Stranger Things fueron los niños quienes protagonizaron brillantemente la serie llevándose Millie Bobby Brown la mayor cantidad de aplausos en su papel como Eleven. También fue importante contar con una actriz reconocida como Wynona Rider, en su papel de la atormentada madre del desaparecido Will Byers. La serie pareciera cerrada, pero su éxito dio paso a una segunda temporada de la que se espera con ansiedad su estreno a mediados de este año.

Edison Guapaz Zambrano
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Cuando el Video Mató a la Estrella de Radio

El pasado 1 de agosto la cadena de televisión pagada MTV cumplió 35 años de existencia en los cuales ha sido pilar fundamental de la cultura joven alrededor del mundo. Con tanto tiempo de existencia, los cambios han sido evidentes en cuanto a su estética y programación.

Como es bien sabido, MTV son siglas de “Music Television” y en sus orígenes apostó a una novedosa estrategia de promoción musical para aquellos días como eran los videoclips. La programación inició con lo que podría haber sido una sentencia aplicada a la intención de la cadena aquellos días, con el tema “Video Killed The Star” de The Buggles.

Bajo la naciente industria de la televisión pagada, el concebir un canal de televisión que emita exclusivamente contenido musical parecía arriesgado, pero pronto rendiría sus beneficios. Originalmente la programación de MTV era “Album Oriented Rock”, es decir, un canal básicamente rockero, que al igual que las radios que emitían su programación en ese formato, pronto tuvieron que ceder ante el arrollador éxito de “Thriller” de Michael Jackson e incluirlo, principalmente su tema más guitarrero, “Beat It”. A su tiempo, este tipo de programación era criticado por la poca presencia de artistas negros, que luego se tomarían las programaciones y listas debido al masivo auge del Hip – Hop.

Pronto, la producción del videoclip se convertiría en culto y arte. Se pasó de los primitivos trabajos de los años 60 y 70, donde principalmente se presentaba a los artistas en acción, a relatos más sofisticados que podrían tener prácticamente su propia independencia respecto a la música presentada. Esto poco a poco derivó en la organización de los “Video Music Awards” que históricamente fueron desarrollados en el Radio City Music Hall de New York. El primer ganador de “videoclip del año” fue el divertidísimo “You Might Think” de “The Cars”.

Los “Video Music Awards” se ganaron una fama de exhibir momentos escandalosos que tal vez serían muy difíciles de presenciar en ceremonias más solemnes como los Grammy, los Emmy o los Oscar. Es bien recordada la perturbadora presentación de Madonna en 1984 interpretando “Like a Virgin” con insinuaciones sexuales impensadas para la época, los berrinches de Axl Rose enfrentado a los miembros de Nirvana con quienes rivalizaba en los charts a inicios de los 90, la bochornosa presentación de Poison en 1991 con su guitarrista pasado de tragos y quién sabe qué más substancias, las sensuales presentaciones de Britney Spears a inicios de siglo XXI, el inolvidable y muy simbólico beso de Madonna con Spears y Cristina Aguilera en 2003 y la más reciente animación de Miley Cyrus de la ceremonia y sus cambios de vestimenta que dejaban poco a la imaginación.

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La cadena fue un éxito rotundo y se convirtió en un negocio multinacional y multimillonario del que desde luego, varios artistas salieron beneficiados. Podríamos hablar de Madonna como la artista que mejor supo explotar su imagen debido al escándalo que provocaba cada videoclip y cada presentación suya. Guns N’ Roses supo encontrar un nicho más allá del caótico circuito de bares del Sunset Strip y gracias a la emisión de “Welcome To The Jungle”, volverse un suceso mundial. Dire Straits supo ironizar este vértigo multimedia con su tema “Money For Nothing” que desde luego, ganó su “astronauta” (la estatuilla con la que se premia a los ganadores de los VMA’s) en 1986.

MTV también popularizó el concepto de “Video Jockey”. Si la radio tenía a los “Disc Jockey”, en el caso del video, tendría a presentadores y anunciadores carismáticos y generalmente jóvenes. En América Latina se recuerda a una “generación dorada” de VJ’s en los años noventa: Ruth Infarinato, Arturo Hernández, Alfredo Lewin, Edith Serrano, Gonzalo Morales. Gente con la que no sólo te podías entretener, sino aprender también algo sobre música y cultura popular. Hablando del MTV Latino, el éxito de la cadena fue tal, que pronto vio la necesidad de contar con señales exclusivas en Europa, Asia, Brasil, América hispano parlante, etc. Pronto, cada “filial” haría también sus ceremonias de premiación, así como la promoción de artistas locales y por ejemplo en nuestra región, MTV tuvo un papel preponderante en el éxito y fama de artistas como Los Fabulosos Cadillacs, Café Tacuba, Shakira o Ricky Martin.

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Como canal musical, en MTV también se popularizaron la presentación de artistas en vivo en eventos exclusivos. Tal vez los de mayor suceso han sido los famosos “MTV Unplugged” en los que los músicos tocan versiones acústicas de su habitual repertorio y en más de una ocasión, dichas presentaciones se volvieron álbumes fundamentales de su discografía, tal es el caso de Alice In Chains, Nirvana, Stone Temple Pilots, KISS, etc.

MTV involucró a la música dentro del mundo de las noticias. Las trágicas e impactantes muertes de Kurt Cobain, Tupac Shakur o Notorius B.I.G. tuvieron una amplia cobertura y marcaron generaciones. También la cadena se caracterizó por una estética estrambótica a la vez que espectacular, particularmente cautivadora en la gente joven, que tal vez no entendía un rábano de lo que pasaba, pero se veía obligada a seguir viendo la programación.

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Pronto, MTV fue un poco alterando el modelo de negocio y la idea dejó de ser exclusivamente la transmisión de videos musicales y presentaciones, se apartó progresivamente aquel formato para introducir programación más o menos parecida a la de cualquier cadena de entretenimiento, pero a su más fiel estilo. Así vimos nacer a los “buenos para nada” de Beavis y Butt – Head, al enigmático “Aeon Flux”, la amarguísima “Daria” y demás caricaturas orientadas a un público más bien joven adulto. Así mismo, MTV fue pionera en la producción de los Reality Show que forman gran parte de la parrilla televisiva de la actualidad, con la emisión de distintas temporadas de “The Real World” donde encerraban a jóvenes de diversas partse de Estados Unidos en una locación de una ciudad previamente escogida.

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Estos programas, donde el protagonismo pasó a la gente común, se fueron tomando progresivamente la programación de MTV y se podría decir que programas como “Jersey Shore” o “Teen Mom” son fundamentales para entender la cultura popular actual, lanzando a muchos de sus participantes al estrellato. También se hizo participar a celebridades en los realities y tal vez, el que causó mayor sensación fue “The Osbournes”, retratando la vida familiar de un cada vez más oxidado Ozzy Osbourne.

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Ya que los realities y demás shows similares invadieron la programación y que “MTV Networks” pasó a ser una cadena con varias estaciones y subdivisiones, el MTV visto por las generaciones X y Y es radicalmente distinto a lo que ahora disfrutan los “millenials”, además porque ahora la cadena cuenta con varios canales en los que se retoma el formato antiguo y se reforzó con el lanzamiento de “MTV Classic” el 1 de agosto de 2016, en el aniversario 35 de la primera emisión.

Han pasado ya largos 35 años y MTV sigue siendo un fundamental referente de la cultura popular juvenil, el cual primero tomó uno de sus elementos clave como la música, para luego progresivamente inmiscuirse en los demás.

Edison Guapaz Zambrano
Guitarras y gol
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El Fenómeno de Súper Campeones

Dentro de la amplia oferta que la animación japonesa ha presentado a lo largo de su existencia, el Captain Tsubasa (Súper Campeones en Latinoamérica) debe ser el producto más popular y difundido de todos (y que los Dragon Ball liebers me lo rebatan con argumentos). Un fenómeno con la repercusión mundial que solo el fútbol pudo haberle dado y que tiene ya sus años entreteniendo a chicos y grandes futboleros del planeta.

La idea original data de 1981. Cuando el señor Yoichi Takahashi (Dios bendiga su mano), los creó y su historia fue incluida en la Weekly Shonen Jump, revista semanal que publica diversos Manga a modo de antología. Pasó a ser Anime (o sea, pasar del cómic de revista a serie animada para la pantalla, para quienes no estén familiarizados con estos términos) en 1983, y son estos, los dibujitos de nuestra infancia que tanto añoramos. Aunque la serie original fue transmitida en los años 80, al menos acá en Ecuador nos enteramos de ella en los años 90, siendo un indiscutido hito de la televisión en nuestro país. Si creciste en los 90 y no viste esto, más la novela “Carrusel”, los Simpson de más grandecito y el MTV gratis, viviste en una cueva.

“Súper Campeones”, como se conoció aquí, fue una serie muy bien lograda. Es difícil imaginar cómo sus creadores pudieron captar la pasión del fútbol, siendo ellos de una cultura en la que este deporte no es el predominante. Japón tiene como deporte favorito al béisbol y si bien, con la creación de la J – League en los 90, se pudo enganchar a los japoneses con nuestro amado deporte, es más increíble como esta maravillosa serie pudo ser concebida en los años 80, cuando Japón no pintaba nada en cuanto a fútbol. Se podría decir que es uno de los impulsadores del avance del deporte rey en dicho país.

Su influencia cultural es enorme. Grandes figuras del fútbol como Andrés Iniesta, Alesandro Del Piero, Hidetoshi Nakata o Alexis Sánchez han reconocido a esta serie animada como una de sus principales motivaciones para escoger la carrera del fútbol profesional. A nivel más “criollo”, muchos podremos confesar haber intentado el “huracán en el cielo” de los hermanos Korioto, impulsarse con el poste para volar para atajar y sobretodo, tratar de darle más y más duro al balón, con la fuerza del “tiro del tigre”. La mayoría de estas técnicas, al menos las piruetas, terminaban con lamentables consecuencias.

A nivel dramático la serie tiene demasiados elementos enganchadores. Está la pasión demente de Oliver Atom (Tsubasa Ozora), cuya única obsesión es el juego, al que lo perfecciona a diario: mientras va por la calle, en casa, en los lugares más inverosímiles, pero hay personajes extraordinarios además del “chullita”. Steve (Kojiro) Hyuga debe ser uno de los mejores: un chico huérfano que ayuda económicamente a su hogar, estudia y es el bravo capitán de uno de los equipos más importantes de Japón. Su temperamento siempre destaca y dado sus orígenes y vida dura desde pequeño, muchos futbolistas profesionales se deben sentir identificados.

La lista de personajes maravillosos continúa. Mi favorito siempre fue Andy Johnson (Jun Misugi), una especie de Fernando Redondo del Anime: elegante, cerebral, de incomparable técnica. Sin embargo, su problema cardiaco le impedía ser el mejor de Japón, pero bien que le hizo sufrir a Oliver. Destaca el portero Benji Price (Genzo Wakabayashi) arrogante, pero sobrio. De posición económica acomodada y con un don de liderazgo formidable, tanto que cuando juega a lado de Oliver, él es el Capitán. El trotamundos romántico del fútbol Tom (Taro) Misaki, fórmula ideal de Oliver, el acrobático Richard Tex Tex y bueno, la lista es bastante larga y si gustan, puedan comentar sobre sus favoritos que estoy omitiendo.

Volviendo a cómo se cuenta esta historia, sus recursos narrativos eran fenomenales. Obviamente, había mucho de fantasía, pues no dejaba de ser increíble que unos chicos de 12 años te corran una interminable cancha todo el partido, no menos increíble era que un juego colegial convoque a 50 mil personas, saltos kilométricos y fuerza descomunal para pegarle al balón. Sin estos recursos hiperbólicos, seguramente la serie hubiera perdido mucho de su atractivo. También estaba el manejo de los tiempos, los recuerdos, que se hacían en retrospectiva, hacían entender al espectador la motivación que tenían estos bravos futbolistas. Todo esto era muy útil y añadía mucha tensión a aquella media hora en la que probablemente, solo se cruzó la mitad de la cancha. Obviamente, el formato de teleserie con una historia que se va desarrollando con el transcurso de los capítulos, muy característico de las producciones japonesas, generaba mayor interés.

Además de la serie original, acá se pudo ver “Road To World Cup”, donde se enfoca algo más en la carrera de adultos de los personajes, aprovechando la coyuntura del mundial en el que Japón era el anfitrión y patrocinado por la empresa de ropa deportiva Adidas. Existen varias películas y solo es cuestión de explorar en YouTube para ver todo el amplio contenido que generó esta creación del señor Takahashi. En tiendas especializadas de Anime y Manga puedes encontrar algunas de los cómics (o sea, el “Manga”) si te es difícil viajar a Japón a adquirirlos (creo que a la mayoría). Captain Tsubasa o Súper Campeones, es la conexión entre la nostalgia, la fantasía, la pasión y todas esas emociones que nos desbordan a medida que nuestra generación veinte y treintañera va madurando o envejeciendo y recuerda como a las 5 de la tarde el mundo se paralizaba y todos los chicos se ponían frente al televisor.

Edison Guapaz Zambrano
Guitarras y gol