Hay que jugar las Eliminatorias en Guayaquil
Para acordarnos de la tricolor jugando en Guayaquil, hay que remontarnos a los noventa,
como en esta foto que por cierto nos la sacamos de El Comercio
Desde la posesión del Ing. Luis Chiriboga Acosta como Presidente del máximo organismo Rector del fútbol ecuatoriano, la selección mayor clasificó a tres Mundiales de Mayores de cuatro posibles, un dato que por sí mismo podría indicar un gran crecimiento en la estructura del fútbol nacional; ¿fue tan así?
Casi 18 años después, para buscar una respuesta sincera debemos admitir que la Selección Nacional ha conseguido resultados que antes resultaban impensables, y que tenemos un gran número de futbolistas jugando en varias ligas del mundo, pero ambos acontecimientos tienen algunos atenuantes.
Empecemos por lo segundo, si bien es cierto que nuestros futbolistas hoy por hoy juegan en varios países del globo, no es menos cierto que a partir de la denominada “ley Bosman” se ha evidenciado una auténtica globalización de la contratación de futbolistas, tanto que si nos comparamos con nuestros vecinos: Perú, Colombia, o inclusive Venezuela, no tenemos tantos futbolistas jugando en el primer nivel como hubiésemos pensado.
Por otro lado la selección, el equipo que representa al fútbol profesional ecuatoriano, luego de la clasificación a tres Mundiales, debería ser el reflejo de un fútbol de primer nivel al menos sudamericano, con clubes que compitan constantemente en los primeros planos en las Copas internacionales; lo cual como todos sabemos no ocurre, y este artículo pretenderá examinar, en parte, la razón.
Tenemos claro que los problemas del fútbol ecuatoriano no se encuentran únicamente en la cancha, la dirigencia no ha conseguido capitalizar los éxitos deportivos y han fracasado en la mayoría de los casos, en administrar las instituciones a su cargo.
Pero quien escribe tiene una teoría, para que el fútbol ecuatoriano se supere realmente, se debe tomar la decisión de que las eliminatorias se jueguen en Guayaquil, la explicación a continuación:
Durante los procesos eliminatorios, la selección nacional ha consolidado su bastión en el Estadio Olímpico Atahualpa, cada uno de los procesos exitosos se basó en la efectividad que mantuvo la selección en su reducto, en contraste con los, en su mayoría, pobres resultados obtenidos como visitantes, salvo tal vez la eliminatoria para el mundial 2002, en la que se consiguieron algunos triunfos y empates importantes en localidades como Bogotá o Santiago.
El lector no deberá confundir este artículo con un alegato en contra de los partidos que se juegan en la altura, puesto que cada país región o ciudad tiene sus condiciones geográficas y meteorológicas particulares, que en algunos casos pueden beneficiar a quien ocupa la localía, condición que al ser natural, no es anti reglamentaria ni mucho menos.
El problema, para quien escribe, es sicológico, puesto que la repetición de estos resultados ha producido un estado de comodidad general, tanto para las selecciones que visitan Quito para las cuales el partido ante la selección se volvió uno de tres puntos perdidos que nunca entran en el presupuesto y se presentan condicionados a que van a perder de cualquier forma, como para la selección nacional, que está instalada en la misma comodidad, los jugadores, y todo el país realmente, entienden que Quito es una sede inexpugnable y hay bastante garantía de ganar un alto porcentaje de los puntos en juego con lo que la clasificación quedará muy cerca, en el presupuesto está tener alguna victoria y rescatar algún punto en tierras foráneas; y como en todo ámbito, en el fútbol la comodidad suele llevar indefectiblemente a la mediocridad.
Como ya sabemos de antemano que la selección va a llegar al Mundial casi por seguro, descuidamos todo lo demás, no estructuramos un estilo de juego que nos permita competir realmente a nivel internacional y no preparamos a nuestros jugadores para eso, los pobres resultados en la Copa América son la prueba ineludible de que no competimos en otro sitio que en el Atahualpa.
Colombia, Perú, o México son ejemplos de países que tienen ciudades de altura, pero que cada uno, a su manera y con los recursos que tiene al alcance, han conseguido formar selecciones con una identidad de juego que además es reproducida por los clubes, y que su estructura excede a una ventaja geográfica, es decir, un proyecto serio que no tenga como objetivo único clasificar al Mundial, sino competir realmente a nivel internacional, superar y ser superados por los rivales en cualquier cancha.
El fútbol ecuatoriano necesita salir de su zona de confort, sacudirse, entender que tal vez los resultados no son tan buenos como creemos y buscar la forma de reinventarse, dejar de confiar ciegamente en los puntos en Quito, irse a jugar a Guayaquil, al Tena o a Manta y competir aunque al principio se pierda bastante.
Como referente, pondremos el rendimiento de la selección en los procesos mundialistas del Siglo XXI como local y visitante. Datos proporcionados por el estadístico de fútbol Aurelio Dávila.







