El Coyote y el Ejemplo del Sísifo Moderno
Dentro de la cartelera del verano boreal apareció una opción maravillosa para los niños del Siglo XX. “Coyote vs ACME” presenta algo que va más allá de la clásica comedia física de las caricaturas Warner Brothers que han hecho reír a generaciones.
Cuando se desarrolla la anhelada demanda de Wile E. Coyote contra la malvada ACME, se devela un cuidadoso plan que supuestamente había fraguado esta corporación, el “Proyecto Sísifo”. Este nombre del parece condensar en una sola palabra la lógica que ha definido a Wile E. Coyote durante décadas: esforzarse infinitamente por alcanzar un objetivo que nunca puede alcanzar. La película convierte esa repetición en algo todavía más inquietante: ACME no solamente proporciona las herramientas del fracaso, sino que convierte ese continuo fracaso en un mecanismo de experimentación y negocio.
En el mito griego, Sísifo es condenado a empujar una enorme roca montaña arriba. Cada vez que está a punto de llegar a la cima, la piedra vuelve a caer y debe comenzar nuevamente. Lo importante para Albert Camus, sin embargo, no es solamente la inutilidad del castigo, sino la conciencia de esa inutilidad. En El mito de Sísifo, Camus utiliza esta imagen para representar la condición humana: buscamos objetivos, explicaciones y propósitos en un universo que no necesariamente nos ofrece ninguno. De allí surge lo que denomina el absurdo, la contradicción entre nuestra necesidad de encontrar sentido y el silencio del mundo.

El Coyote encaja extraordinariamente bien en esta figura. Su «roca» es el Correcaminos. Cada episodio comienza prácticamente desde cero: el Coyote diseña un plan, adquiere un producto ACME, calcula cuidadosamente sus posibilidades, ejecuta la estrategia, fracasa espectacularmente y termina aplastado, quemado o cayendo por un precipicio. Y, sin embargo, en la siguiente escena o en el siguiente corto vuelve a intentarlo. La caída no lo transforma. El fracaso no le enseña a abandonar. No existe una evolución narrativa tradicional: existe una repetición.
Aquí aparece una diferencia fundamental con una lectura puramente pesimista. El Coyote no parece miserable porque fracasa; parece miserable cuando nosotros interpretamos su fracaso como algo que debería hacerlo abandonar. Para él, perseguir al Correcaminos es prácticamente su razón de existir. Si finalmente lo atrapara, se acabaría aquello que organiza su mundo.
La famosa conclusión de Camus —»hay que imaginarse a Sísifo feliz»— no significa que Sísifo disfrute necesariamente del trabajo físico o que su condena sea objetivamente agradable. Significa que, una vez que comprende su situación y deja de esperar que el universo le proporcione una respuesta, puede apropiarse de su propia existencia. La rebelión consiste en continuar viviendo a pesar del absurdo. El absurdo está, entonces, no solamente en que el Coyote nunca atrape al Correcaminos, sino en que el objetivo puede ser menos importante que el acto de perseguirlo.
Aquí es donde Coyote vs. ACME introduce una capa contemporánea mucho más oscura. El Proyecto Sísifo no se limita a explicar por qué los personajes soportan una cantidad imposible de violencia: convierte la repetición del sufrimiento en un modelo de investigación y desarrollo. La película revela que ACME utiliza a los personajes de caricatura como sujetos de prueba para desarrollar productos destinados posteriormente a los humanos. Para Camus, Sísifo representa al individuo enfrentado al absurdo. Para ACME, Sísifo es un modelo de negocio.

Entonces aparece una ironía especialmente poderosa: si el Coyote consiguiera finalmente atrapar al Correcaminos, el ciclo terminaría. Ya no necesitaría otra catapulta, otro cohete, otro imán o una nueva trampa. Paradójicamente, el fracaso permanente del Coyote es también lo que mantiene vivo el mercado de ACME. Por eso puede interpretarse que el verdadero producto de ACME no son los artefactos que vende. Es la esperanza de que el próximo artefacto sí funcionará.
Esta lectura conecta muy bien con las dinámicas actuales del hiperconsumo. El mecanismo básico es conocido: existe un problema, se ofrece un producto que promete resolverlo, el producto no satisface completamente la necesidad y aparece una nueva versión que promete hacerlo mejor. El Coyote funciona como una caricatura perfecta de ese consumidor:
problema → deseo → compra → fracaso → frustración → nueva promesa → nueva compra.
Eso permite relacionarlo con fenómenos contemporáneos como la obsolescencia percibida, las actualizaciones constantes, las versiones «Pro», los dispositivos que reemplazan a otros perfectamente funcionales, las suscripciones y la cultura de la meora permanente. No necesariamente necesitamos que un producto se rompa para que sintamos que necesitamos otro; basta con convencernos de que podríamos estar mejor con el siguiente. La lógica publicitaria contemporánea tampoco suele decir «lo que tienes no sirve». Es mucho más sofisticada: «hay algo mejor» y el Coyote vive permanentemente bajo esa promesa.
Camus convierte el absurdo en una posibilidad de libertad; ACME lo convierte en una posibilidad de consumo.
El Coyote puede ser interpretado simultáneamente como un Sísifo feliz y como un consumidor atrapado. Su insistencia puede representar admirable perseverancia, pero también una incapacidad para escapar de un sistema que se alimenta de su deseo. La película introduce precisamente esa ambigüedad: ¿el Coyote continúa porque libremente decide perseguir al Correcaminos o porque ACME ha construido un entorno en el que siempre existe un nuevo producto que comprar? La respuesta puede ser las dos cosas.
Esa es probablemente la razón por la que la referencia a Sísifo resulta tan apropiada. El Coyote no necesita ser liberado de su persecución para que su vida tenga sentido. Pero sí necesita preguntarse quién se beneficia de que continúe persiguiendo eternamente.
En última instancia, Coyote vs. ACME convierte una de las bromas más antiguas de la animación en una parábola bastante contemporánea: todos podemos ser Sísifo, pero en una sociedad de consumo existe siempre alguien dispuesto a vendernos una piedra nueva, una montaña nueva y la promesa de que esta vez sí llegaremos a la cima. La genialidad de ACME está en que no necesita impedir que el Coyote alcance al Correcaminos; le basta con asegurarse de que nunca deje de intentarlo.
Guitarras y gol

